Trastornos de estrés postraumático

En nuestra vida cotidiana, cualquiera de nosotros puede tener una experiencia abrumadora, aterradora, y que escape a nuestro control. Podríamos encontrarnos en un accidente de coche, ser víctimas de un asalto, o ver un accidente.

 

El trastorno por estrés postraumático (TEPT), se origina tras haber sufrido u observado un acontecimiento altamente traumático (atentado, violación, asalto, secuestro, accidente, etc.), en el que está en juego la vida de las personas.

Los síntomas de TEPT pueden empezar inmediatamente o después de unas semanas o meses. Por lo general aparecen dentro de los primeros 6 meses tras el suceso traumático.

  • Los síntomas más frecuentes son: imágenes de la situación traumática vuelven a reexperimentarse una y otra vez (tipo flashback), imaginándolo con todo lujo de detalles. Las imágenes y las sensaciones pueden volverse intrusivas (acuden una y otra vez a la mente, produciendo malestar), especialmente si se pretende evitarlas.

  • Estando «de guardia». Intensas reacciones de ansiedad, alta activación fisiológica, evitación de situaciones relacionadas con el suceso traumático. Uno se encuentra estando alerta todo el tiempo, como si el suceso fuese a pasar de nuevo. Esto se llama “hipervigilancia”.

  • Pensamientos relacionados con el acontecimiento traumático que generan ansiedad. El pensamiento o  el diálogo interno generar sentimientos de culpa, por lo que se hizo, por lo que no se hizo…

  • Sentimientos de mucha ira, hostilidad, de rabia, e imágenes de agresión contra el agente que ha generado el daño, o se considera que lo ha generado.

  • Hay personas que están experimentando este estado emocional y no puedan expresar sus emociones.

  • Este estado produce un fuerte malestar psicológico (tristeza, insomnio, apatía, desesperanza, abandono de las situaciones sociales, alta activación fisiológica) y problemas de conducta a la hora de readaptarse a las distintas facetas de la vida cotidiana.

La intervención terapéutica apoyadas experimentalmente

  • dar información sobre el proceso la reacción psicológica que suele seguir, los síntomas que se suelen experimentar, los pensamientos que se suelen desarrollar, etc.;
  • entrenamiento en relajación y respiración;
  • exposición en imaginación a los recuerdos del suceso traumático;
  • exposición real (en vivo) a las situaciones que se evitan, que no supongan riesgo; y reestructuración cognitiva de los pensamientos irracionales que provocan sentimientos negativos.